domingo, 11 de julio de 2010

Con la ilusión por bandera

En pocas horas, España disputará por primera vez en su historia la final de un Mundial de Fútbol. Estamos ante una ocasión única, un momento inolvidable. Las sensaciones vividas a lo largo de este día son totalmente nuevas, hasta ahora desconocidas. Conforme se vaya acercando el inicio del partido, los nervios irán aumentando. Está en juego la ilusión de 46 millones de españoles. Gente como Manolo “el del Bombo” por ejemplo. Un personaje entrañable donde los haya. Hace unos cuantos años tuve un encuentro inesperado con él.

Era el mes de junio de 1998, víspera del Mundial de Francia. Un amigo y yo estábamos en la calle, sentados en un banco. Los dos llevábamos puesta la camiseta de la selección española. Mi amigo con el 12 y el nombre de “Sergi” a la espalda; yo llevaba el 7 y “Raúl”, cuando de repente, nos “abordó” un hombre vestido de rojo y nos dio una palmada en la espalda “¿qué tal chavales?

Mi compañero y yo nos miramos perplejos. Sí, era él, Manolo “el del Bombo”. Aquel hombre tan simpático que siempre veíamos por la “tele” en los partidos de España, estaba frente a nosotros, con uno de esos polos tan característicos de la marca “Rasán”. Transcurridos unos segundos asimilando la situación, el bueno de Manolo nos preguntó si teníamos previsto acudir al Mundial. Nuestra respuesta, evidentemente, fue negativa y él nos consoló con un “bueno tranquilos, todavía sois jóvenes, otra vez será”.


Estuvimos un buen rato hablando de fútbol, concretamente, sobre la cita mundialista y la selección española, sus jugadores, los rivales, etc. Por supuesto, los tres nos veíamos con posibilidades de hacer un buen papel en la Copa del Mundo. El entusiasmo y la devoción con la que hablaba podían convencer a cualquiera, ¿por qué no iba a ser ésta nuestra ocasión? Soñábamos con una hipotética final ante Brasil. Ilusos. No hace falta recordar lo que ocurrió durante la competición.

Minutos más tarde, Manolo se despidió de nosotros. “ya nos veremos”, su vuelo hacía París salía en unas horas. Nos dio un abrazo a cada uno y se marchó sin más, con una sonrisa de oreja a oreja y cargado de ilusiones. Al día siguiente, camino del colegio, mi amigo y yo todavía recordábamos el insólito encuentro, sabíamos que nuestros compañeros de clase no nos creerían y así fue. Tampoco nos importó, los dos sabíamos que era verdad y eso nos reconfortaba.

Han pasado 12 años y las cosas han cambiado bastante. Hoy nuestra ilusión es, si cabe, todavía mayor. Tenemos suficientes motivos para soñar y estar orgullosos de lo conseguido por este equipo. Cuando nuestros jugadores salgan al césped del Soccer City de Johannesburgo, todo un país estará detrás empujándoles hacia la victoria. Allí estará Manolo y su bombo, como lleva haciendo 32 años. Llevamos toda la vida esperando este momento. No vamos a fallar. ¡Podemos!

viernes, 9 de julio de 2010

Del Bosque y el "efecto Pedro"


La selección española sigue haciendo historia en el Mundial de Sudáfrica 2010. Después de meterse en las semifinales superando la “barrera” de los cuartos de final, el combinado nacional se deshizo de Alemania y disputará la final de la Copa del Mundo el próximo domingo ante la selección de Holanda. Y lo hizo con todo merecimiento, desplegando el mejor fútbol que se haya visto a lo largo de la competición.


El seleccionador nacional Vicente del Bosque volvió a demostrar, una vez más, que siempre tiene un as guardado en la manga para estas ocasiones. Desde que finalizó el partido ante Paraguay, se hicieron muchas conjeturas sobre la salida de Fernando Torres del once inicial de cara al partido ante Alemania. Las quinielas señalaban a Cesc Fábregas, David Silva y Fernando Llorente como candidatos a sustituir al jugador del Liverpool, pero a menos de dos horas del encuentro saltó la sorpresa: Pedro era el elegido.


El técnico salmantino suele esconder la alineación hasta el último momento y ya ha realizado en otras ocasiones cambios inesperados en la alineación. En su época como entrenador del Real Madrid, Vicente daba entrada a jugadores con los que nadie contaba en partidos trascendentales, con resultados muy positivos. Como ejemplo la aparición de Geremi (con gol incluido) en unos cuartos de final contra el Bayern de Munich en 2002, o la presencia de Mc Manaman entre los titulares en otros cuartos de final, esta vez ante el Manchester United un año después.


De esta manera, la inclusión de “Pedrito” en el equipo titular fue una de las claves del buen juego del equipo español. El canario se movió entre líneas a la perfección y fue el jugador más activo con cinco remates. Intercambió ambas bandas y los alemanes no supieron en ningún momento como contrarrestar al número 18. Desde el minuto 1 salió “enchufadísimo”, como si todos los días se jugara la semifinal de un Mundial

Con Pedro sobre el campo, los centrocampistas encontraron un compañero más con el que asociarse y así se crearon numerosas ocasiones de peligro. A pocos minutos del final, gozó de una ocasión inmejorable para sentenciar el partido y poner un broche de oro a su actuación, pero no eligió la mejor opción, algo que no empaña el sensacional partido del futbolista del Barcelona.


Pedro Rodríguez Ledesma ha sido la gran sensación de la pasada liga, donde colaboró activamente con sus goles en la consecución del título. Posee el récord de ser el jugador que ha marcado en más competiciones en un solo año. Tiene un gran oportunismo y no hay duda de que está tocado por la “varita”. Todavía no ha marcado en este Mundial, el domingo podría ser un buen día

jueves, 8 de julio de 2010

Momentos épicos: un día de furia


Relato de Javier García Sánchez sobre la 7ª etapa del Tour de Francia de 1995: Charleroi-Lieja.

Algunos corredores sin opciones al triunfo final se habían colocado por delante, pero se mantenían a la vista. El águila imperial sacó las garras. En efecto, por la Côte du Rosier la silueta que buscaba Miguel, Rominger, había desaparecido. Pero no se había descolgado en un sentido literal, sino que solo andaba justillo, despistado, y por eso se rezagaba unos pocos metros en cada cuesta. Berzin, en cambio, más joven y batallador, iba siempre pegado literalmente a su rueda.

Miguel decidió. Mandó tirar a sus hombres. Un silbido. Sin mirar atrás. Una palabra en clave. Sobre todo a Monchu González Arrieta. La carretera se empinaba, el sol brillaba más que nunca en los últimos cinco años. Así llegó el Mont Theux, apenas tres kilómetros al 5,7 % de desnivel. Miguel dio la orden a Monchu: “Fuerte, fuerte”. Berzin abrió la boca, resopló, su tubular se separó un par de metros de la Pinarello blanca de Miguel. El navarro llevaba un 53x19-21. Era hora de destrozar. Clavó el piñón de 17, elevó el tronco, demarró con fiereza, hasta el punto de que rebasó a varios corredores que iban por delante, y lo hizo como una exhalación. Lo último que vimos de él fue que tenía que sortear a una de las motos de la carrera.


Al fondo, un pelotón incrédulo era incapaz de responder a aquel ataque con toda la artillería. El milagro se consumó entre el Mont Theux y la Côte des Forges, otros dos kilómetros al 5,8 %. Fue visto y no visto. Por detrás nadie se decidía a organizar el contraataque, la caza. Miguel no elevó la vista para nada, siempre con la barbilla en el manillar. No se volvió ni una vez. Dejó a Eric Boyer como un trapo, alcanzó a Bruyneel, que iba por delante, y se puso a pedalear como un poseso. Una vez más. Ésta sí: era la crono de su vida. Por detrás, la jauría.


Nadie entendía aquello. ¿Cómo el máximo favorito se atrevía a semejante cosa? En la sala de prensa, a los franceses se les quedaba la cara de besugo. Bruyneel, medio ahogado, se acercó al navarro y le dijo al oído: “Entiéndelo, no puedo tirar, llevo a mis jefes detrás” Más tarde reconocería que aquella experiencia había sido única en su vida de ciclista: He creído ir 25 kilómetros detrás de una moto, a 50 por hora”. Por supuesto que Miguel ni siquiera le miró. Por supuesto que nunca le reprochó que no le diese ni un relevo. Por supuesto que los favoritos, una vez que hubieran decidido unir sus fuerzas con las de los gregarios elegidos, aún debían de dudar: “Pero, ¿qué ha hecho ese loco?” Al día siguiente venía la exigente crono de Huy, y dos días más tarde, los Alpes. ¿Qué pretendía Induráin al atacar a muerte en terreno llano y en Bélgica?


Nadie sabía que meses atrás Miguel había reconocido ese mismo terreno en ocasión de la Lieja-Bastogne-Lieja. El golpe de gracia estaba medido. Una jugada de ajedrez maestra, irrepetible. Para cuando todos quisieron darse cuenta, el corredor navarro estaba a casi un minuto. Justo lo que ninguno de los favoritos deseaba, que el navarro saliese en la crono del día siguiente vestido de amarillo, iba a producirse, para pánico y espanto –y sobre todo desánimo – de unos y otros.


Sin embargo, aquellos 30 kilómetros hasta Lieja, con Induráin perseguido por lo mejor del pelotón internacional, que no sólo no podía darle alcance sino que veía aumentar su diferencia a cada pedalada, pertenecen a la épica de la historia del ciclismo. Eso era algo que hasta la fecha sólo se habían atrevido a hacer los grandes campeones: Coppi, Merckx, Hinault. Ni siquiera Anquetil, más cerebral.


¿No querían “panache” los franceses? ¿No querían una muestra de genio, improvisación, riesgo, rabia? Ahí la tenían, a modo de despedida. Porque Induráin estaba sentenciando el Tour antes incluso de la primera etapa contrarreloj, antes de la primera montaña. Lo nunca visto. Atrevámonos a decirlo con la cabeza bien alta: Ni Coppi, ni Merckx, ni Hinault, ni Anquetil se habían atrevido a eso después de haber logrado cuatro Tours y estar en el punto de mira de todos.

miércoles, 7 de julio de 2010

Sangre, sudor y polvo



Fue como la París-Roubaix, pero en julio. La etapa no comenzaba en la capital francesa, ni terminaba en el mítico velódromo, pero durante muchos momentos tuvo auténtico sabor a clásica. Desde el momento en que se dio a conocer el recorrido del Tour 2010, muchos habían marcado este día con una cruz roja. Los tramos de pavés eran propicios para que pasaran cosas importantes, y pasaron.

El pelotón marchaba a toda velocidad, conducido por la locomotora del Saxo Bank de los Schleck y Cancellara. Todos pendientes del suizo, sabían que era el encargado de meter la directa, de marcar ese ritmo infernal. Pasaron los tres primeros tramos adoquinados y en el cuarto a 26 kilómetros de la llegada, con “Espartaco” abriendo camino, ocurrió lo inevitable: caída. Frank Schleck por los suelos. Tocado y hundido. Fractura de clávicula y adiós al Tour. Ni siquiera intentó ponerse en pie.


La caída fraccionó la carrera en varios grupos. Por delante Cancellara seguía acelerando, parecía imposible ir más rápido. A la rueda del “Expreso” de Berna se pegaron el “indultado” Andy Schleck, Evans, Hushovd y Thomas. El tren no se detendría hasta Aremberg. Esta vez Fabian no “negociaba” treguas ni parones, ayer era una máquina sin sentimientos que no dejaba de pedalear, volando sobre el pavés. Si hubiese querido, habría llegado en solitario, como hizo en la clásica meses atrás, pero su misión era guiar al menor de los Schleck.


Más atrás gente como Armstrong y Contador cortados, luchaban por minimizar pérdidas. El americano había vaticinado una carnicería que, irónicamente, se volvió en su contra con un pinchazo que le hizo retrasarse todavía más. El de Pinto por su parte, supo estar a la altura de las circunstancias y con mucha sangre fría iba “salvando” el día. Peor suerte corrió el líder Chavanel, cambiando de rueda y de bicicleta en varias ocasiones. Nubes de polvo rodeaban a los ciclistas. Piedras, frenazos, caídas y averías. El panorama era dantesco. Por un momento nos habíamos trasladado al mes de abril. París-Roubaix, el “Infierno del norte”.




El grupo de Andy Schleck, Evans y Cancellara, que recuperaba el amarillo, llegaba a la meta. El noruego Hushovd se hacía con la victoria. Perro viejo. A un minuto lo hacía el grupo de Contador, Vinokourov y Menchov, con el madrileño descolgándose por un problema mecánico en su rueda trasera. A dos minutos aparecía el “carnicero” Armstrong, descubriendo el sabor de la derrota en una etapa de estas características.


El resto de corredores se presentaba en la llegada con cuentagotas. El maillot amarillo cruzaba la línea de meta a más de tres minutos, hecho unos zorros. Más de uno seguro que se acordaba de la etapa anterior, maldiciéndose por haber “perdonado” la vida a Andy Schleck, el gran beneficiado del día. Algunos habrán aprendido una valiosa lección: en el Tour no hay amigos.

martes, 6 de julio de 2010

Caídas: ejecución o indulto


El Tour a veces nos depara situaciones extrañas, cuando menos te lo esperas un accidente, un golpe, un corte o una racha de viento hacen saltar todas las previsiones por los aires. Algo así ocurrió en la etapa de ayer. Camino de Spa, con el suelo mojado por la lluvia, una de las motos de la carrera cayó al suelo añadiendo aceite a lo que ya era una pista de hielo. El resultado: más de 30 corredores besando el asfalto; entre ellos Contador, Armstrong, Frank y Andy Schleck, siendo éste último el más perjudicado.


El caso es que favoritos como Menchov, Sastre o Evans, que habían conseguido evitar la caída, se encontraron con 30 kilómetros por delante y la oportunidad de “eliminar” de la carrera a tan ilustres candidatos a la victoria final. Contador y Armstrong no tuvieron problemas para reintegrarse, pero los Schleck marchaban ya con tres minutos de retraso. En esos momentos siempre surge el eterno debate: tirar o esperar a los caídos.


En el recuerdo de todos siempre está la drámatica caída de Ocaña bajando el col de Menté en el 71, allí ni Merckx ni nadie esperó al español que se dejó el Tour en aquella cuneta. Lo mismo hizo Armstrong con Zülle en el 99, en el Paso de Gois; con Beloki en 2003 bajando la Rochelle o con Mayo en 2004 con el pavés por medio. Es cierto que en el caso de Beloki (no pudo levantarse) de nada habría servido parar. Pero con Zülle y Mayo, el americano aprovechó para sacar el máximo partido de sus percances.


También está el caso contrario. Ullrich se salió de la carretera en 2001, en un descenso camino de Saint Lary y Armstrong le esperó en un gesto aplaudido por todos. El alemán devolvió el favor dos años después, cuando Lance se enganchó con un espectador subiendo Luz Ardiden, con los dos rivales jugándose el Tour. Para muchos, en aquella ocasión Ullrich pecó de ingenuo.


Volviendo a la jornada de ayer, en el grupo de los “intactos” también marchaba el líder Fabian Cancellara. En ese momento el suizo se convirtió en el “capo” o portavoz del pelotón y decidió que el ritmo se aminorara, había que esperar a los cortados. “Espartaco”sacrificaba así su maillot amarillo, en favor de Chavanel, con el fin de salvar a los Schleck, compañeros de equipo. El resto aceptó consumando así el indulto.


Al final etapa y liderato para Chavanel. El pelotón entraba a más de tres minutos en modo “manifestación”, protestando por la peligrosidad del recorrido, todo ello bajo la supervisión de Cancellara. Los heridos se “lamían” las heridas mientras gente como Sastre, Menchov o Evans, se preguntaban si habían perdido una oportunidad de oro. Así es el ciclismo y las caídas. En ocasiones hay que parar y esperar alegando juego limpio y otras veces se sigue hacia adelante, justificándose en que son circunstancias de la carrera.

lunes, 5 de julio de 2010

Los cuartos ya son historia


Cuando el colegiado guatemalteco Carlos Batres decretó el final del partido, Iker Casillas se arrodilló sobre el césped del Ellis Park con los ojos cerrados y los puños al aire. Acto seguido los jugadores de la selección española corrieron a abrazar a su capitán. España estaba en semifinales por primera vez en su historia. Todos se miraban felices y aliviados, se habían quitado un enorme peso de encima.


Pero el encuentro no fue un camino de rosas, ni mucho menos. Como muchos anticipaban, Paraguay fue un rival durísimo, con la clara misión de morder, de no dejar a ningún jugador español darse la vuelta. El equipo de Vicente del Bosque no se sintió cómodo en ningún momento y apenas pudo generar ocasiones de peligro. El partido parecía “carne” de prorroga hasta el minuto 57, cuando Piqué cometió un penalti como una catedral.


Era el momento de Casillas. Una vez más el destino de la selección estaba en sus manos, como en 2002 ante Irlanda y Corea o en 2008 ante Italia. El de Móstoles no se prodiga mucho en detener penas máximas durante la temporada, pero con “La Roja” le rodea un aura especial, algo sobrenatural que le convierte en invencible. Cardozo lanzó desde los 11 metros y “El Santo” una vez más obró el milagro. En ese momento el partido despertó de su letargo.


Alcaraz derribó a Villa al otro lado del campo. De nuevo máximo castigo. El “Güaje” cedió la responsabilidad a Xabi Alonso, seguramente el error ante Honduras en la misma portería hizo dudar al asturiano. El tolosarra anotó engañando a Bravo, pero Batres decidió convertirse en actor principal. Ordenó repetir el lanzamiento, porque algunos jugadores habían entrado en el área. Alonso tomó de nuevo la responsabilidad pero esta vez el meta paraguayo adivinó sus intenciones. Al rechace llegó Cesc Fábregas raudo y veloz y el portero del Valladolid se lo llevó por delante, pero el de Guatemala se hizo el “sueco”.


Fue entonces cuando el "fantasma de los cuartos" comenzó a planear sobre Johannesburgo. Por las mentes de muchos comenzaron a rondar la tanda de penaltis ante Bélgica en el 86, el codazo de Tasotti en el 94, la “cacicada” de Al Ghandour en el 2002. Pero esta selección no entiende de maldiciones ni de infortunios. La entrada de Cesc y Pedro otorgaron mayor profundidad al equipo. Y llegó el minuto 82. “Pedrito” estrelló en el palo una asistencia de Iniesta y el balón quedó en los pies de Villa, el más indicado. El “pichichi” del Mundial ajustó con el pie derecho, la pelota golpeó en los dos postes y finalmente se alojó en la portería de Paraguay. Jaque mate.


Alemania será el rival en semifinales. Los germanos tratarán de vengar la derrota sufrida en la final de la pasada Eurocopa. España se adentra en un terreno hasta el momento desconocido. Pero sus jugadores quieren hacer historia. No han viajado hasta Sudáfrica para pasar de cuartos, están allí con la intención de llevarse la copa y el que quiera impedirlo, tendrá que hacer algo más que correr.

domingo, 4 de julio de 2010

Momentos épicos: 1989, un Tour de película


Si el mismísimo Steven Spielberg, decidiera realizar una superproducción sobre el Tour de Francia, no habría la menor duda de que lo haría sobre la edición del año 1989. Aquel año se registró la menor diferencia entre el ganador y el segundo clasificado en la historia de la carrera. La película tendría tres actores principales: un francés, Laurent Fignon; un norteamericano, Greg Lemond; y un español, Pedro Delgado.

Estos tres ciclistas ya sabían lo que era vencer en la ronda francesa. Fignon asombró al mundo con su irrupción en 1983, donde se hizo con la victoria. Más sorprendente fue su triunfo al año siguiente, donde derrotó a su compatriota, el gran Bernard Hinault. Los problemas físicos impidieron al parisino rendir al máximo en los años posteriores.

LeMond ganador en 1986, volvía a la élite tras un desafortunado accidente de caza. En el invierno de 1987, su cuñado le disparaba al confundirle con un ciervo. En un primer momento se temió por su prometedora carrera, pero tras una larga recuperación volvía a la competición. Sin embargo, todos coincidieron en que LeMond no era el mismo, se había vuelto más conservador.

Tras varios años intentándolo, Delgado se alzó con el Tour de Francia de 1988. El del Reynolds se ganó a toda la afición española, por su forma de correr tan espectacular y valiente. Acababa de lograr su segunda Vuelta a España y se presentaba en la salida como el rival a batir.

La carrera comenzó con la etapa prólogo. Una contrarreloj de 8 kilómetros en Luxemburgo. Allí presenciamos una de las mayores anécdotas de la historia de la prueba. Pedro Delgado, llegaba 2 minutos y 40 segundos tarde a la salida por un despiste y comenzaba la competición en último lugar. El golpe fue durísimo para el segoviano, que al día siguiente se hundiría todavía más en la contrarreloj por equipos. Delgado se encontraba a más de 7 minutos en la general y con la moral por los suelos.

Siguiendo un guión cinematográfico, durante las tres semanas de aquel julio del 89 se vieron dos tramas bien diferenciadas: Por un lado estaba la lucha por el primer puesto entre LeMond y Fignon. Los dos ciclistas se “turnaban” el maillot amarillo en los Alpes y Los Pirineos. Por otro lado, presenciamos la lucha desesperada de “Perico” Delgado, ya recuperado, por subir posiciones en la general. Por el camino contemplamos a un jovencísimo Miguel Induráin venciendo por primera vez en una etapa de la ronda gala.

Fignon se mostraba mucho más combativo que LeMond. El francés siempre se caracterizó por ser un ciclista imprevisible, atacaba en cualquier terreno. El americano por su parte era más frío y calculador, arriesgaba lo mínimo y lo fiaba todo a sus grandes prestaciones en la lucha individual contra el cronómetro. En la subida a Alpe D´Huez, Laurent Fignon se hacía con el liderato y al día siguiente se reafirmaba con un ataque totalmente inesperado.

La etapa final una contrarreloj de 25 kilómetros por las calles de París, fue el escenario de la lucha dramática entre Fignon y LeMond. El francés partía con el maillot de líder con 50 segundos sobre el americano, todo parecía indicar que el soberbio Laurent sería coronado por tercera vez en los Campos Elíseos. A falta de 5 kilómetros para la conclusión, la ventaja de Fignon se había reducido considerablemente. LeMond soñaba con la victoria.

Cuando el francés cruzó la línea de meta se derrumbó, había perdido el Tour por 8 segundos. El americano por el contrario, estaba en una nube, era el nuevo ganador del Tour de Francia. El tercer lugar lo ocuparía Pedro Delgado, protagonista de una memorable remontada desde la última hasta la tercera posición. Señor Spielberg, aquí tiene su historia.

viernes, 2 de julio de 2010

Especial Tour de Francia 2010


Este sábado arranca en Rotterdam (Holanda) uno de los acontecimientos deportivos más importantes de cada año: el Tour de Francia. Desde este rincón seguiremos muy de cerca la “Grand Boucle” analizando el recorrido y los candidatos. La carrera ciclista por excelencia afronta ya su 97ª edición y lo hace con un recorrido exigente y un amplio abanico de favoritos: Contador, Armstrong, Schleck, Basso, etc. Además, recordaremos algunos de los grandes instantes de la historia del Tour en “Momentos épicos”. No se lo pierdan.

Recorrido

Como ya es habitual, la ronda francesa comenzará con un prólogo contrarreloj. Serán 8,9 kilómetros por las calles de Rotterdam que marcarán diferencias mínimas. Después de dos etapas llanas, los corredores afrontarán una de las “trampas” preparadas por la organización: la 3ª etapa entre Walze y Arenberg, que discurrirá por cuatro tramos de pavés de la París-Robuaix, el “Infierno del Norte”. Los candidatos deberán tener mucho cuidado. Una etapa similar dejó sin opciones y hundió a Iban Mayo en 2004.

La montaña llegará en la 7ª jornada sin pasar por una “crono” larga (ni siquiera por equipos). Este año serán los Alpes los encargados de romper el hielo. Aunque serán unos Alpes algo “descafeinados” con la ausencia de grandes puertos. Sólo hay que destacar la llegada a la estación de Morzine-Avoriaz, que marcará las primeras diferencias entre los favoritos.

Después pasaremos a las mal denominadas jornadas “de transición” que atravesarán el Macizo Central. Mucha atención al final en Gap (tumba de las ilusiones de Joseba Beloki) y a la 12ª etapa: Bourg de Peage-Mende, donde Jalabert y la ONCE pusieron a Induráin en serios aprietos en 1995, en una jornada memorable para los amantes del ciclismo.

A continuación entrará en escena el plato fuerte de este Tour de Francia 2010: Los Pirineos. Los ciclistas se encontrarán cuatro etapas consecutivas por estas cumbres. De esta forma, el Tour pretende conmemorar el centenario de la primera ascensión a los Pirineos. Comenzarán con la jornada que termina en Ax3-Domaines. La guinda del pastel la pondrá la 17ª etapa con final en el mítico Col du Tourmalet.



La contrarreloj individual del penúltimo día, con 52 kilómetros entre Burdeos y Pauillac totalmente llanos, servirá para decidir el podio final e incluso la victoria. En total: 3.642 kilómetros de recorrido (60 de ellos cronometrados); 6 etapas de alta montaña y 4 de media montaña y 3 finales en alto.

Favoritos
Alberto Contador (España, 27 años)


El ganador de las ediciones de 2007 y 2009 es el principal candidato para hacerse con la victoria final. Se encuentra en la plenitud de su carrera profesional. El madrileño en plena forma es prácticamente imbatible en la montaña y un rival a tener cuenta contra el cronómetro, especialidad en la mejora cada año. Si hay que buscar un punto débil, solamente puede estar en su equipo (Astaná), con un nivel inferior al de otros años.

Andy Schleck (Luxemburgo, 25 años)



La principal alternativa a Contador. El luxemburgués ya fue segundo en el Tour 2009 y este año será aún más peligroso. Su juventud le otorga un amplio margen de progresión. Como un tiro en las subidas. Incluso podría aguantar el ritmo de Alberto. Cuenta con la ayuda de su hermano Franck y una escuadra potentísima: Saxo Bank. La contrarreloj es su talón de Aquiles y su asignatura pendiente. Debe mejorar si quiere aspirar a ganar el Tour alguna vez.

Lance Armstrong (Estados Unidos, 38 años)

El rendimiento del americano es toda una incógnita desde su regreso a la actividad. A pesar del meritorio tercer puesto del año pasado. Apenas se deja ver en las carreras que disputa, pero seguro que llega en forma al mes de julio, como ya nos tiene acostumbrados. El más completo en todos los terrenos y arropado por su equipo, Radio Shack (la base del Astaná 2009). Los años no pasan en balde pero nadie puede descartar a Lance con siete “Tours” en su palmarés.

Ivan Basso (Italia, 32 años)


Regresa al Tour después de la sanción por dopaje. Antes de destaparse la “Operación Puerto” era el sucesor natural de Armstrong (segundo clasificado en 2005). Fuerte en la montaña y solvente en la lucha contra el crono. Su gran talento y experiencia son sus grandes armas. También dispone de un gran equipo (Liquigas) y ha recuperado la confianza con su victoria en el Giro de Italia hace un mes. Los años sin disputar la ronda gala (cuatro) podrían pasarle factura.

Cadel Evans (Australia, 33 años)



El título de Campeón del Mundo ha sido todo un espaldarazo para el ex corredor de Mountain Bike. Segundo en 2007 y 2008, conoce perfectamente la prueba. El australiano se maneja como nadie en carrera y la regularidad es su gran baza. Rinde a la perfección en todos los terrenos, sobre todo en la contrarreloj. La edad tampoco juega a su favor. Podría estar ante su última gran oportunidad.

Carlos Sastre (España, 35 años)



El abulense no llega en las mejores condiciones para afrontar el Tour de Francia. Su participación estuvo en el aire por culpa de una hernia discal. Sus 35 años tampoco invitan demasiado al optimismo, pero el hecho de ser un ganador del Tour le otorga un margen de confianza. Muy regular y con un gran sentido táctico. Si la carrera se rompe y con el paso de los días va cogiendo la forma podría meterse en la pelea y convertirse en un rival muy incómodo.

Denis Menchov (Rusia, 31 años)



El corredor ruso afincado en Navarra siempre está en la nómina de favoritos para ganar el Tour. Sin embargo, nunca ha cumplido las expectativas y acostumbra a fallar en los momentos clave, quedándose siempre a las puertas del podio. Con unas grandes cualidades, Menchov domina la montaña y las cronos. Sólo le falta ser más regular y corregir errores de concentración que le impiden estar más arriba. Ya sabe lo que es ganar Giro y Vuelta, sólo le falta el Tour.
Corredores a seguir

Frank Schleck (Luxemburgo, 30 años)



Compañero de equipo y hermano de Andy. Tiene mucha calidad y una gran habilidad para meterse en las escapadas buenas, eso compensa ciertas limitaciones en la alta montaña y en la contrarreloj. Sin embargo, en los últimos años siempre está cerca del podio y rara vez se va de vacío.

Alexander Vinokourov (Kazajstán, 36 años)


Otro que regresa tras cumplir sanción por dopaje. Su misión en el Astaná será ayudar a Alberto Contador en todo momento y ganar alguna etapa. Pero ya sabemos como las gasta “Vino”, un ciclista totalmente imprevisible, capaz de lo mejor y de lo peor. El kazajo se mueve bien en todos los terrenos, es muy valiente y no duda en arriesgar.

Bradley Wiggins (Reino Unido, 30 años)



Sorprendió a todos en el Tour del año pasado donde rozó el podio. El corredor que combina ciclismo en pista y en carretera, es un excelente contrarrelojista que comienza a pasar con nota la alta montaña. Sin embargo, el recorrido no le favorece en absoluto.

Roman Kreuziger (República Checa, 24 años)

Compañero de Basso en el Liquigas. En un principio estará a sus órdenes pero podría tener libertad de movimientos. La gran esperanza del ciclismo checo, uno de los corredores con mayor proyección de futuro. Ya conoce el Tour y sabe lo que es terminar entre los diez primeros.