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viernes, 13 de agosto de 2010

Team Movistar: se busca jefe de filas


Reynolds, Banesto, Illes Balears, Caisse d´Epargne y ahora Team Movistar. Así se llamará a partir de la próxima temporada el equipo que dirige Eusebio Unzué. El conjunto español más laureado de la historia con siete Tour de Francia, conseguidos por Pedro Delgado (1988), Miguel Induráin (1991, 1992, 1993, 1994 y 1995) y Óscar Pereiro (2006).


Tras unos meses de incertidumbre, provocados por el anuncio de Caisse d´Epargne de no renovar el patrocinio, finalmente la formación española seguirá en el pelotón como la escuadra española más veterana (desde 1979). La aparición de Telefónica supone también, la entrada de una gran multinacional en el ciclismo y respaldando a un equipo español.


Buena noticia para el ciclismo español, tan necesitado de “sponsors”, pero la realidad es bien diferente. De momento, el futuro Team Movistar es un equipo sin un líder indiscutible, un jefe de filas de garantías. Hay que recordar que su mejor ciclista, Alejandro Valverde, se encuentra sancionado por su supuesta implicación en la “Operación Puerto” y no podrá correr hasta 2012.


Además, todo apunta a que otras figuras del equipo, como David Arroyo y Luis León Sánchez, no seguirán la temporada que viene en la escuadra española. El primero ha firmado contrato con Astaná, mientras que el corredor murciano se ha convertido en uno de los ciclistas más revalorizados y se lo "rifan" conjuntos como Rabobank o Sky, con los que ya estaría negociando. Por lo tanto, será muy difícil retenerle.


Durante el Tour de Francia, se habló del interés de Unzué por hacerse con los servicios de Alberto Contador, pero el fichaje de éste por Saxo Bank, tiró por tierra todas las esperanzas de volver a ver al madrileño corriendo en un equipo español. También se rumoreó sobre una posible oferta por Samuel Sánchez, pero el asturiano ha renovado con Euskaltel hasta el año 2012.


De esta forma, el Team Movistar busca un corredor que le permita afrontar la próxima temporada con garantías, sobre todo en las grandes vueltas. Sin embargo, el mercado no ofrece muchas posibilidades. Lo más lógico sería decantarse por un ciclista español, por motivos comerciales y por tradición (“Perico”, Induráin, Olano, “Chava” Jiménez, Valverde, Pereiro). Pero que nadie descarte ver a un corredor extranjero liderando el equipo español más potente. No sería la primera vez, el suizo Alex Zülle encabezó al Banesto en 1999 y 2000.

domingo, 25 de julio de 2010

Sin sufrimiento no hay victoria


Quien algo quiere, algo le cuesta. Alberto Contador tuvo que sufrir, y mucho. El corredor español conquistó su tercer Tour de Francia por un margen de 39 segundos sobre Andy Schleck (la cuarta menor diferencia de la historia). El destino, caprichoso, ha querido que la victoria se decida por la misma renta que el madrileño obtuvo el día del ya célebre “salto” de cadena. Sin embargo, los dos adversarios coinciden en que aquel incidente no ha influido en el resultado final.

Contador salía desde Burdeos con sólo ocho segundos sobre su gran rival, pero sabedor de sus mejores prestaciones en la lucha individual contra el crono. Nada hacía presagiar el mal rato que tendría que pasar. Al paso por el primer punto intermedio, Alberto y Andy rodaban muy parejos, lo que ya era toda una sorpresa. Pero en el kilómetro 25, el de Luxemburgo aventajaba en siete segundos al maillot amarillo. En la general virtual sólo les separaba un segundo. El Tour en un puño. La carrera parecía dar un giro inesperado.


En el coche de Astaná surge la duda: ¿le decimos la verdad o le engañamos? En las pruebas cronometradas es muy frecuente “adulterar” las diferencias con el objetivo de motivar al corredor. En la cabeza de Contador desconcierto total: “He sufrido muchísimo con las referencias. Llegó un momento en que no sabía si las referencias eran de verdad o me mentían. Llegué a dar todo por perdido”, dijo. Para Schleck, los tiempos parciales debieron ser un “subidón”, un “chute” de adrenalina. El Tour podía ser suyo.


En ese momento hizo su aparición un invitado siempre incómodo: el viento. Fuerte y contrario a los ciclistas comenzó a hacer estragos. Contador, más especialista que Schleck, se acopló mejor a la bicicleta y poco a poco los segundos fueron cayendo a su favor. En Pauillac Andy entregaba 31 segundos, Alberto resoplaba. Su tercer Tour estaba a salvo. En el otro duelo Samuel Sánchez-Menchov, por el tercer puesto, no hubo color. Desde el primer momento, el ruso se adueñó del último puesto del cajón. La etapa para Fabian Cancellara, sólo Tony Martin, inquietó a la “locomotora” suiza.


Balance

Finaliza uno de los “Tours” más igualados que se recuerdan. La diferencia entre Contador y Schleck en la general, nunca fue superior al minuto durante las tres semanas de competición. Si en el prólogo el madrileño sacaba 42 segundos, en el pavés Andy le metía 1:13. Los 10 segundos a favor de Schleck en la cima de Avoriaz, los devolvía Alberto en Mende. Los 39 segundos del “cadenazo” y la crono del penúltimo día hicieron el resto.


El duelo entre español y luxemburgués, unido a su juventud (27 y 25 años respectivamente) nos augura más emociones de cara a las próximas ediciones. Este podría ser el inicio de una de esas rivalidades históricas. Las incógnitas que muchos se plantean, irán desde si la amistad entre los dos contendientes nos privará de un mayor espectáculo; hasta saber si la estrecha relación soportará más capítulos como los de la recién terminada edición.

Estas tres semanas nos dejan otra conclusión: el final de una generación. Con el adiós definitivo de Armstrong, el ocaso de gente como Leipheimer, Kloden, Sastre Evans o Basso y las dudas que despierta Menchov, a pesar del tercer puesto, el relevo parece consumado. Esperemos que el Tour y el ciclismo en general, no se convierta en esa “patraña de niñatos” que apuntaba Carlos Sastre.

jueves, 22 de julio de 2010

Amigos para siempre


A estas horas muchos pensarán, decepcionados, que Contador debió vencer en la cima del Tourmalet. Otros, en cambio, opinarán que hizo lo correcto: dejarse ganar, como tantas veces hizo Induráin. Nunca se pondrán de acuerdo, al igual que con el incidente de la cadena en el Balés. Lo único claro, con la gloria o no de la etapa, es que Alberto tiene más de medio Tour en el bolsillo y sólo una hecatombe podrá hacer que lo pierda.

Era el día esperado por todos los aficionados, el caramelo más dulce. Por eso esta vez no hubo concesiones. Se formó una escapada, pero detrás se cocinaba el Tour. Estaba en juego el maillot amarillo y el premio incluía la victoria parcial. A la trascendencia de la etapa, se sumaron dos ingredientes especiales que otorgaban mayor épica: la lluvia y la niebla en la cima de los puertos.


Por el camino vimos el enésimo intento de Carlos Sastre en busca de la gloria y un susto monumental: Samuel Sánchez se fue al suelo y por unos instantes se temió por su continuidad en carrera. Por suerte, los ciclistas están hechos de otra pasta y el líder de Euskaltel se reincorporó a la carrera. Así se llegó al pie del Col du Tourmalet. Con el pelotón pisando los talones de los fugados. Sólo el campeón ruso, Kolobnev, oponía resistencia.


Saxo Bank marcaba el ritmo. Contador a rueda de su gran rival: “cuando tú quieras, Andy”. El luxemburgués no tardó en atacar, se sentía pletórico. Tras él, el sólido líder dispuesto a no ceder lo más mínimo. Un voluntarioso Joaquim Rodríguez intentó agarrarse a la dupla, pero tuvo que desistir, aquello era una locura, el aspirante había metido el “turbo”. La niebla comenzaba a apoderarse de la escena. Los dos amigos y adversarios solos, frente a frente, en la montaña.


Schleck se propuso marcar un ritmo axfisiante, constante, sin mirar atrás. Contador tenía que caer por agotamiento. Quedaban diez kilómetros para la meta, suficiente distancia para ganar el Tour. De vez en cuando, subía un puntito más la velocidad, pero el madrileño respondía a la perfección. Cualquier signo de debilidad, por pequeño que fuese, daría alas al maillot blanco, dispuesto a hacer saltar la banca. Al rato, Andy comenzó a hacer gestos con la cabeza, invitando a su rival a coger el relevo. Pero Alberto no quería saber nada, ni siquiera le miraba. Era una guerra psicológica.


A tres kilómetros del final, el de Pinto lanzó su único ataque, tal vez con la intención de aplacar al menor de los Schleck y que desistiera en su ofensiva. Los dos se presentaron en la cima del Tourmalet, majestuoso, abarrotado de público. Ganó Andy, con el beneplácito de Contador. A lo mejor pensaba en cerrar definitivamente la herida del día de la cadena (si es que estaba obligado), templar los ánimos y los pitos en el podio o simplemente le pareció que disputar y ganar la etapa no era de caballeros. Sea como sea, la tercera corona en París está más cerca. Sólo son tres días.

martes, 20 de julio de 2010

Cadena de favores

Cadena de favores es una película dirigida por Mimi Leder, en la que un niño imagina un curioso sistema para mejorar el mundo: hacer favores a la gente, incluso antes de que te los devuelvan. Es decir, no devolver favores, sino pagarlos por adelantado, y no necesariamente a quien te lo hizo a ti. Cuando a Andy Schleck se le salió la cadena en la última ascensión en pleno ataque, sin querer, estaba haciendo un enorme favor a Alberto Contador, el mismo que en la segunda etapa le esperó cuando el luxemburgués se había caído. El madrileño dijo en aquella ocasión: “he hecho lo que me gustaría que hicieran por mí”.

En la película, la cadena de favores no funcionaba así, pero la otra cadena, la de la bicicleta de Schleck, así lo quiso. Imposible predecir que este simple elemento provocaría semejante descalabro. A lo largo de la historia del Tour de Francia, hemos visto a corredores perder el maillot amarillo por varios motivos: caídas (Ocaña en 1971), lesiones (Simon en 1983), cortes (Rijs en 1995), enfermedad (Heulot en 1996), desfallecimiento (Landis en 2005), e incluso este mismo año vimos al líder sacrificando la preciada prenda en favor de un compañero (Cancellara). Pero lo que nunca podíamos imaginar era que una mera anécdota, como salirse la cadena, pudiera hacer perder el maillot jaune.


Todo sucedió en la ascensión al Balés. En esta ocasión, Astaná cedió la iniciativa a Saxo Bank. Uno por uno, los compañeros de Schleck fueron relevándose para endurecer la carrera, hasta que el luxemburgués decidió acelerar. Pero no era un ataque demoledor, sólo pretendía seleccionar el grupo. De esta forma, durante unos instantes sólo quedaron los cinco primeros de la general: Schleck, Contador, Samuel Sánchez, Menchov y Van den Broeck. El resto comenzaba a hacer la “goma”. Esta vez Andy Schleck dejó de ser la sombra de Contador, para convertirse en cabeza visible.


Tras un pequeño “impass” Andy volvió a la carga, ahora iba en serio, de pie sobre la bicicleta y con un ritmo diabólico. Vinokourov fue el primero en responder, detrás, Contador salía en busca del maillot amarillo. Pero sucedió lo inesperado, de repente la rueda trasera de Schleck pegó un bote y comenzó a dar pedaladas en falso. Había intentado cambiar de desarrollo en pleno ataque, al límite, y la cadena saltó por los aires. Alberto, que en ese momento llegaba a la altura del líder, salió disparado sin mirar atrás, sin volver la cabeza.


Presa de los nervios, el líder de Saxo Bank intentaba volver a colocar la cadena, una operación sencilla siempre que no estés a casi 2.000 metros de altitud, con 180 pulsaciones por minuto y con el corazón a punto de salirse por la boca. Por delante Contador, Menchov y Samuel Sánchez volaban hacia la cima como tres lobos salvajes, atraídos por el olor de la sangre. Cuando Schleck arrancó de nuevo, se inició una tremenda persecución. En la cima la diferencia rondaba los 20 segundos, el liderato en el aire.


La bajada se realizó a toda velocidad, por delante Contador se lanzaba a tumba abierta, secundado en algunos tramos por Samuel Sánchez, un auténtico kamikaze. El descenso de Andy no desmereció lo más mínimo, incluso todo un especialista como Vinokourov tenía problemas para seguirle. El maillot amarillo se iba a decidir por un pequeño detalle: una curva mal trazada, un frenazo de más. Al final, Schleck “entregaba” el maillot por ocho escasos segundos.


En Bagneres de Luchon todos buscaban las reacciones de los dos protagonistas. Andy furioso; Contador con cara de circunstancias “no he visto nada”. Horas más tarde Alberto pedía perdón, no tenía obligación de hacerlo, las averías también forman parte del ciclismo y es totalmente legítimo aprovecharse de la de un rival. Son muchas las ocasiones en las que en medio de una disputa, uno de los contendientes sufre algún percance. En estos casos el desenlace no siempre ha sido el mismo. Es muy difícil saber tomar la decisión correcta en esos momentos. Más aún cuando están por medio un Tour de Francia, una amistad y una cadena de favores.

lunes, 19 de julio de 2010

"Paradinha" en Ax3-Domaines


Sin previo aviso Alberto Contador redujo el ritmo y se apartó. Andy Schleck, “soldado” a la rueda del corredor de Pinto, repitió la misma operación con total normalidad. El resto del grupo, incrédulo, continuó hacia la cima sin los dos grandes candidatos al trono de París. Madrileño y luxemburgués se miraron sin mediar palabra. El primero pretendía liberarse así de su sombra; el segundo trataba de impedir que aquello trastocara sus planes de seguimiento.


La etapa se la adjudicó el francés Christophe Riblon, aprovechando la ventaja con la que coronó el terrible Pailheres en solitario, debido en buena parte, a que el pelotón no forzó la marcha hasta la ascensión final. Sólo un voluntarioso Carlos Sastre quiso animar la carrera en un intento de repetir su victoria en Ax3-Domaines en 2003. Fue allí, donde una vez más, Astaná tomó las riendas. Primero el sorprendente Dani Navarro, luego Paolo Tiralongo y por último Alexandre Vinokourov, fueron los encargados de castigar las piernas de sus acompañantes.


Cuando Contador lo estimó oportuno, probó al maillot amarillo, con dos aceleraciones, la segunda más furiosa y continuada que la primera. Schleck ya tenía el lazo echado a la Specialized del madrileño y no pasó dificultades para llegar a su altura. El resto de los elegidos lo hacía con cuentagotas, algunos favorecidos por la menor dureza del puerto. Después de sus intentos infructuosos por despegarse de Andy, Alberto se cansó de la vigilancia y procedió a efectuar la mencionada “paradinha”. Menchov y Samuel Sánchez no lo dudaron y aprovecharon la situación, sacando unos pocos segundos en la meta.


La maniobra del bicampeón del Tour de Francia, recuerda a una similar realizada por Pedro Delgado en la Vuelta a España de 1992. En aquella ocasión, Perico era sometido a una continua persecución a manos del líder, Jesús Montoya. El murciano tenía la orden expresa de su director Javier Mínguez, de no separarse ni un milímetro del segoviano. La paciencia de Delgado se agotó en una subida cuando, harto del estrecho marcaje, se paró y llegó a poner los pies en el suelo, desafiante. “¿Y ahora qué?” Montoya se detuvo tras él sumido en la más profunda confusión y no arrancó hasta que no obtuvo el permiso de su jefe. Una imagen esperpéntica.


En aquella Vuelta, Rominger aprovechó la disputa entre Perico y Montoya y se hizo con la victoria. Contador y Schleck están adentrándose en una dinámica parecida. Los dos se sienten los grandes dominadores de la carrera y con actitudes como la de ayer, pueden estar subestimando a otros rivales. Si siguen jugando al gato y al ratón, pueden llevarse una sorpresa desagradable. Tony Rominger ya no está aquí, pero sí Denis Menchov, un “gigante” dormido que podría envalentonarse. Hoy, segundo asalto en los Pirineos.

martes, 13 de julio de 2010

El Tour es cosa de dos


La jornada posterior a un día de descanso, siempre es temida por los ciclistas en el Tour de Francia. Después de una semana de competición, la fatiga acumulada, el calor y los nervios, lo más lógico es pensar que los corredores agradecen este “tiempo muerto”. Nada más lejos de la realidad. Para algunos este día resulta fatal. La tumba de sus ilusiones. Sin ninguna explicación científica, son muchos los que se derrumban tras el parón obligado.

Si no pregúntenle a Cadel Evans. Subiendo la Madeleine, al hasta hoy líder de la carrera, se le apareció el “tio del mazo” con el consiguiente bajón de fuerzas. El puerto, todo un “Hors Categoriè” situado a más de 30 kilómetros de la meta, no parecía el escenario propicio para que sucedieran cosas interesantes de cara a la general. Sin embargo, el destino así lo quiso.


A más de diez kilómetros para coronar el puerto, Alberto Contador dio la orden a sus compañeros para que pusieran una marcha más. Tiralongo primero, y a continuación Dani Navarro imprimían un ritmo fortísimo. La primera víctima iba a ser el maillot amarillo, Evans (más tarde se sabría que tiene una fisura en el codo izquierdo). En pocos kilómetros Navarro se quedo sólo, con Contador y Andy Schleck a su rueda. Samuel Sánchez por unos instantes, parecía capaz de seguirles. El daño ya estaba hecho.


Por un momento, los dos grandes candidatos a la victoria quedaron sorprendidos ante el terremoto que acababa de sacudir el grupo, parecía que la situación les había cogido totalmente de imprevisto. Tras la duda inicial, los dos se pusieron de acuerdo para llegar juntos a Saint Jean de Maurienne. El botín era tan jugoso como inesperado: eliminar a la mayoría de sus rivales.


Por detrás nadie parecía reaccionar o tener fuerzas para ello. El calor asfixiante, el cansancio o el dichoso día de descanso estaban haciendo mella. El descenso fue la confirmación del pacto entre madrileño y luxemburgués, mientras Samuel Sánchez intentaba contactar con uno de esos descensos “kamikaze” a los que tanto nos tiene acostumbrados.


La etapa fue para Sandy Casar, por delante de Luis León Sánchez, tomándose la revancha por el año pasado. El murciano se quedó con la miel en los labios tras el gran trabajo del Caisse d´Epargne. Habría sido su tercera victoria parcial en el Tour. El nuevo líder, Andy Schleck, se mostraba radiante en el podio. Ahora la carrera será un cara a cara entre Contador y él. Los demás ya no cuentan salvo que una heroicidad lo impida. Si alguien tiene algo que decir, que hable ahora o calle para siempre.